viernes, 26 de febrero de 2010

Pude seguir a Bianca, vigilándola desde las ventanas de la primera planta, hasta que subió las escaleras de la torre. Maldije entre dientes, quien sabía lo que le hacían sus padres, puede que Bianca no me hubiese dicho la verdad.
Cálmate de una vez, Lucas, de esa manera nunca vas a encajar me gritaba yo mismo una y otra vez. Claramente que nunca podría encajar ¡demonios! Simplemente hay que mirar en la manera en la que fui criado, siempre estar alerta y desconfiando de todo aquel que no fuera de la cruz negra. No quería guardarles rencor a mi madre y a mi difunto padre, pero en estos momentos odiaba no poder ser normal.

Un pequeño sonido a mis espaldas me hizo pegar un pequeño respingo. Mi mano instantáneamente fue a dar a la cuchilla que tenía escondida, aunque me tranquilicé al ver que solo era una lechuza, que seguramente estaba cazando.

Inhalé y exhalé profundamente hasta que supe que tenía mis nervios bajo control. Aún no tenía motivos para entrar en estado de casi pánico. Los vampiros llegarían más tarde, aun así sabía que los más antiguos eran los primeros en llegar, y lo hacía por el bosque, por lo que fui a buscar el bolso que había dejado caer al salir persiguiendo a Bianca. Encontré con facilidad nuestro camino, la mayoría de las ramas en el camino estaban rotas, y, también con la misma facilidad, encontré mi bolso. No permitiría que ningún vampiro pusiera sus manos sobre él, si alguien lo hacía estaba instantáneamente muerto, ya que aparte de mi desayuno habían un par de armas lo suficiente grandes para no pasar como armas del tipo que colecciona un adolescente normal, como navajas o cosas así. No, yo traía armas que serían fáciles de identificar como las de un cazador.

Hubo otro ruido a mis espaldas, y este sí eran pisadas. Ellos estaban llegando, y yo no podía arruinar mi misión sin siquiera comenzarla.

Corrí, intentando hacer el mínimo ruido posible, hasta quedar cerca de la casa, o lo que fuera, de la directora, la señora Bethany, esperando a que se fuese a recibir a sus "alumnos", desde ese momento esperaba que se quedase en el internado hasta que terminase la ceremonia de bienvenida. no iba a asistir, aunque me hubiese gustado poder ver a Bianca un rato más. Sabía que, según lo que me contó, ella no entablaría conversación con nadie allí, que se sentiría incómoda y que lo más seguro era que me buscaría para ver una cara conocida. Mentira. Lo unico que quería era creer eso último. ¡Por favor, Lucas! Contrólate un solo segundo. Suspiré, estaba enloqueciendo, especialmente por las conversaciones con mi conciencia, aunque la mayoría de las veces tenía razón, yo no había vivido entre gente extraña desde hacia mucho y a la primera chica linda que se aparecía delante de mí yo ya estaba entusiasmado, fasinado, con ella.

Un ruido fuerte me sacó de mis pensamientos, y la vi a ella. La señora Bethany salió con paso soberbio en dirección a la academia. Se detuvo inopinadamente y giró la cabeza en mi dirección. ¡Mierda y mil veces mierda! ¿Me había descubierto? Si era así estaba muerto, salvo por un pequeño cuchillo escondido en mi bota derecha, no llevaba ningún tipo de arma lo suficientemente útil para derrotar a un vampiro fuerte, y estaba seguro de que la directora lo era. Saqué la pequeña cuchilla y la empuñé fuertemente en mi mano.
Ella comenzó a caminar en mi direccion. Cada vez más rápido.

Voy a morir, pensé para mi mismo.

jueves, 10 de diciembre de 2009


El tren nocturno se detuvo en la estación, me había pasado todo el viaje mirando por la ventanilla y debatiéndome internamente si debería hacer esto o no, era básicamente un suicidio. Suspiré y me bajé del tren. Mi misión comenzaba ahora.
Por mucho que insistí en que podrían haber mandado a otra persona, como Dana, que se moría por tener una oportunidad como esta. No, el bastardo de Eduardo insistió en enviarme a mí.
Cuando pisé el puente a la salida de Riverton, me quedé asombrado al ver el bosque, que se extendía más lejos de lo que yo podía mirar. Bien, tendría bastante que hacer antes de que amaneciera.
Recorrí varios caminos de posible escape en caso de que las sanguijuelas descubrieran mi identidad. Al cabo de unas horas encontré un camino bastante bueno, era muy difícil de encontrar y complicaba algo que la gente pasara por ahí.
Me dediqué el resto de la noche a vigilar el bosque, no era muy probable que algún vampiro hubiese llegado, pero de igual forma ¿Qué clase de cazador de vampiros sería si permitiese que los mismos mataran mientras estoy aquí? Sería la cosa más patética que me pasaría en la vida.
Estaba bastante lejos de la academia aún, el bosque estaba vacío por lo que podía escuchar, solo los sonidos de la naturaleza. Suspiré y ahogué un bostezo. Por suerte me había echado una siesta en el tren, por lo que podría soportar hasta llegar a las habitaciones de la academia.
La academia… era tan raro pensar que iría, sacando obviamente la cosa de los vampiros. Era la primera vez en toda mi vida que permanecería en un lugar, solo, sin ningún miembro de la cruz negra conmigo, y más encima sería la primera vez que compartiría con chicos normales –sacando a los chupasangre-. Suspiré y me revolví el pelo, todo esto era como ser un chico normal…

-si solo fuese normal… -mascullé-

Después de decidir que por hoy todo estaba muy tranquilo me paré, apoyándome contra un árbol. Cerré mis ojos y recordé cosas sin sentido. Pero de repente una imagen, que había llegado a conocer muy bien, vino a mi cabeza. El sueño que había tenido consecutivamente desde que me encomendaron esta misión.
El viento soplaba muy fuerte y lo único que podía ver a través de la oscuridad era un tenue fulgor. Yo tenía que ir a aquel lugar, no, tenía no, lo necesitaba. Había algo allí, algo para mi, algo importante y único, pero aunque me devanara los sesos no podía saber que era. En el sueño seguía avanzando en la lluvia, acercándome al fulgor, perdiendo la paciencia por que no podía hacer que mis piernas fueran más rápido. Me di cuenta de que aquel brillo era en realidad fuego, mi tesoro estaba dentro y era mi deber salvarlo, era lo único que tenía que hacer. Corrí lo más rápido que dieron mis inútiles piernas, pero antes de que llegara, el ventanal se quebró, dejando salir a alguien de él. Una chica. No vio su rostro ya que el viento le alborotaba toda su rojiza cabellera…
Sacudí la cabeza, tenía que concentrarme en cualquier cosa, menos en ese sueño. Por el borde de mi ojo vi algo rojo pasar rápidamente. Ok, mi mente me estaba jugando una muy mala broma. Pero fue extraño se veía real… era real.
Se dio la vuelta para mirar en la dirección contraria y a unos cien metros míos la vi.
Nuestras miradas se cruzaron, vi todo su pánico reflejado en sus ojos y pensé: está en peligro. Eché a correr tras ella.
Era rápida, demasiado rápida a decir verdad, si no hubiese sido un cazador con años de entrenamiento jamás hubiese podido seguirle el paso. No creí que fuese un vampiro, la pobre chica quizá estaba en un estado de pánico total que había desatado toda su adrenalina. Pero ¿Qué o quien la estaba persiguiendo? Eché un leve vistazo por sobre mi hombro y no vi a nadie, pero nada de eso importaba, cualquier cosa se podía esconder por estos lares y debía ponerla a salvo.
Cuando tropezó vi mi oportunidad para alcanzarla, por lo que salté sobre ella.

-¡ah! –dio un grito ahogado cuando caímos.

Le tapé la boca y entrelacé sus piernas con las mías para que no se moviera. Aún así consiguió liberar uno de sus brazos para intentar golpearme, probablemente me haría algo de daño, pero ignoré eso y le pregunté:

-¿has visto quien te seguía? –eso la descolocó.

Se me quedó viendo fijamente, su mirada era bastante penetrante, y retiré la mano de su boca para que pudiera contestar.

-¿te refieres además de ti? –habló con la voz un poco ahogada.
-¿de mí? –inquirí confuso, miré nuevamente por sobre mi hombro, no había nadie más, por lo que yo podía ver, oculto entre las sombras-. Tú corrías porque te perseguía alguien… ¿no?

Frunció un poco el ceño… no podía ser que…

-yo sólo corría -¿a estas horas?-. El único que me perseguía eras tú.

OH, Dios.

-Quieres decir que creías que… -me quité de encima de ella con rapidez-. Ah, vaya, lo siento – ¡bien, Lucas! Gran manera de disculparte con una tía a la cual tacleaste por nada-. No era mi intención… tía, debo de haberte dado un susto de muerte.
-Entonces –comenzó- ¿tu intención era ayudarme?

Bueno, parecía entenderlo, al menos un poco. Asentí con la cabeza. Ella me miraba entre aturdida y escéptica, lo más seguro es que pensara que estaba loco.
La niebla a nuestro alrededor se espesó aún más envolviéndonos en una especie de burbuja personal.

-se que debo haberte asustado y lo siento muchísimo. Creía que…

Estaba deshaciéndome en disculpas, pero ella me cortó. Me señaló, y ,con la voz un poco jadeante, dijo:

-¿te… quieres… callar?

Le hice caso, ya había hecho que casi se muriera de miedo, era lo mínimo que podía hacer ahora.
La chica, debía tener unos dieciséis o diecisiete años, se dejó caer sobre la hierba y puso un brazo fuertemente contra sus ojos.
Su cabello había caído en abanico y me recordó mi sueño, debía ser mucha coincidencia que fuese tan parecida… cálmate, Lucas, ya pareces un demente. La chica respiró hondo una vez más y se incorporó.

-¿Por qué me has tirado al suelo? –me preguntó.

Decidí responderle con la verdad.

-pensé que teníamos que ponernos a cubierto y escondernos de quien estuviera persiguiéndote, de ese que al final resulto ser, esto… nada –si es que ahora me podía llamar a mí mismo “nada”.

La pobre chica parecía estar buscando en su mente el número de su psicólogo, y no es que no lo necesitase. Y ¿Cómo demonios me había metido en esto? Debería anotar la fecha y la hora en algún lugar, este era el momento más vergonzoso de toda mi vida. Dana y los demás se partirían de la risa si tuvieran la oportunidad de verme en estos momentos.
Bajé la cabeza y la miré a través de mis pestañas. Era linda. Y mucho. Con un largo cabello rojizo que se veía muy bien con su diminuta figura. Tenía sus ojos, del color de la miel, fijos en mí. Iba vestida con un abrigo y remera negros y unos jeans, parecía quererse escapar de algo.

-Eres alumno de la escuela –afirmó.

¿Ella lo sería?

-Bueno, voy a serlo –contesté en voz baja, maldiciendo mi suerte-. ¿y tú?

Asintió con la cabeza mientras se deshacía el moño para volverlo a hacer.

-Es mi primer año –eso significaba que talvez compartiéramos algunas clases, pero las siguientes palabras que salieron de su boca me descolocaron-. Mis padres encontraron trabajo de profesores, así que… me toca pasar por el aro.

¿Qué? ¿Los informes se habrán equivocado? No, no se habían equivocado, estaba totalmente seguro que todos los profesores este año serían vampiros. Pero ella no parecía vampiro, en lo mínimo, quizás su velocidad, pero perfectamente le podría gustar el deporte, pero ella no podía ser un vampiro. ¿Y si lo era? Pulso, pulso, tenía que comprobarlo. Tendí mi mano hacia ella.

-Lucas Ross –me presenté.
-Hola –dijo mientras tomaba mi mano. Deslicé mi dedo índice hasta la vena de su muñeca y me llevé una sorpresa al comprobar que su corazón latía-. Bianca Olivier.
-El corazón te va a mil por hora –comenté. ¿Será que sus padres humanos fueron asesinados? ¿Y para que? Para jugar unos años a ser padres. Pobrecita, por lo menos yo aún tenía a mi madre y conocía la verdad de lo que le pasó a mi padre, pero Bianca vivía en un engaño, seguramente no sabría nada de la verdad-. Vale, si no corrías porque te perseguía alguien, entonces ¿Por qué corrías de esa manera? Porque a mi no me pareció que estuvieras haciendo footing precisamente.

¿Se habrá escapado de sus supuestos padres? ¡Demonios, lo más seguro es que se hayan alimentado de ella!

-He madrugado para… Bueno, para escaparme.

Bingo, le hicieron algo los muy malditos ¿Me lo diría si se lo preguntara?

-¿Tus padres no te tratan bien? ¿Te pegan? –por lo que podía ver su cuello estaba intacto, pero claro, todavía estaba el resto de su cuerpo.
-¡No! No es eso –se veía ofendida ¿la habrán amenazado? No, no lo creo, Bianca se veía muy segura con ese tema-. Es que no quiero ir a esa escuela. Me gustaba la de mi pueblo y, además, la Academia Medianoche es… Es tan…
-pone los pelos de punta –le ayudé, dándole las palabras con las que yo describía la academia.
-Eso.

La miré de nuevo y noté que llevaba un pequeño bolso.

-¿A dónde ibas? ¿Has encontrado trabajo en alguna parte o algo así?

Bianca se sonrojó, no creía que no tuviese un plan o algo. De veras que no le gustaba Medianoche para salir así como así.

-Ah, no, en realidad no me escapaba de verdad –ladeé la cabeza, confuso por sus palabras-, solo estaba llevando a cabo una… declaración de principios. O algo así. Pensé que si hacía una cosa por el estilo mis padres –apreté los dientes con esa palabra, ellos no merecían llevar ese título y menos por una joven tan adorable como Bianca- por fin comprenderían lo mucho que detesto estar aquí y tal vez nos iríamos.

Eso me recordó algo. Sonreí cuando supe que era. Recordé mi propia “declaración de principios”.

-como yo con el tirachinas –esa cosa que aún tenía guardado en algún lugar, no como arma, claro. Pero si como recuerdo.
-¿Qué?
-cuando tenía cinco años, pensaba que mis padres estaban siendo injustos conmigo y decidí irme de casa –lo de “injustos” era porque a esa edad aún no me dejaban pelear con un vampiro solo, menuda estupidez-. Me llevé el tirachinas porque ya era todo un machote, ya me entiendes, y podía cuidar de mí mismo. Creo que también me llevé una linterna y un paquete de Oreos.

Bianca sonrió, casi tanto como yo.

-creo que ibas mejor preparado que yo.
-salí muy digno de la casa en que vivíamos y llegué hasta… el final del patio trasero –la “casa” era un lugar de reunión solamente, una antigua iglesia abandonada que tenía un gran patio- , así que decidí resistir desde allí mismo. Me quedé fuera todo el día, hasta que empezó a llover. No se me había ocurrido coger un paraguas.
-un plan estupendo –suspiró.
-lo sé, es patético. Volví a entrar en la casa –iglesia- , empapado y con dolor de estómago después de zamparme como unas veinte Oreos, y mi madre, una señora muy inteligente aunque me saque de quicio, fingió que no había ocurrido nada –eso no era del todo verdad, estuvo soltando risitas todo el día, cada vez que me miraba. Me encogí de hombros y le dije-. Lo mismo que harán tus padres. Lo sabes, ¿no?
-ahora sí –se veía terriblemente decepcionada.

Talvez la podía llevar a la cruz negra, después de todo ella estaba en más peligro que cualquier humano. Mira que tener padres vampiros. Pero sabía que en verdad Bianca no querría escaparse.

-¿quieres irte de aquí de verdad? –si me decía que sí nos iríamos de inmediato.
-¿Te refieres a… huir? ¿A escaparme de verdad?

Asentí. Sabía que su respuesta iba a ser negativa, pero muy en el fondo quería que dijera que sí, para permitirme ponerla a salvo.
Pareció meditarlo y al final respondió:

-No, no quiero. Volveré y me prepararé para ir al colé como una niña buena.

Sonreí, ella parecía una niña buena, pero uno sabe lo que se dice. Las que parecen generalmente no lo son.

-nadie te obliga a comportarte como una niña buena.

Sonrió un poco, solo un poco. Y luego esa sonrisa se fue.

-Es que… La Academia Medianoche… No sé si voy a saber encajar en este lugar.

¿Ella quería encajar en esta clase de lugar? No sabía que suerte tenía de que no fuese así.

-Yo no me preocuparía por eso. Puede que no sea tan malo no acabar de encajar en este lugar.

La miré fijamente. Una persona como ella no podía acabar como un monstruo, nadie debería acabar así. Ella no lo sabía, pero era sorprendentemente valiente al venir a un lugar así. Ella perfectamente podría ser de la cruz negra, Bianca si encajaría allí.
Ella se puso de pie.

-¿y que hacías tú cuando me viste? –me puse de pie y le dije nuevamente la verdad.
-ya te lo había dicho, creía que necesitabas ayuda. Por aquí corre gente –vampiros- un poco chunga. No todo el mundo sabe controlarse –en especial ellos, pensé mientras me quitaba unas agujas de pino-. No debería haberme precipitado, pero me pudo el instinto. Lo siento.
-no pasa nada, de verdad. Ya sé que querías ayudarme. Me refería a que qué hacías antes de verme –bien, estaba vigilando que ningún chupasangre se merendara a alguien… no, definitivamente no-. La presentación no empieza hasta dentro de unas horas y es muy temprano. Les dijeron a los alumnos que llegaran sobre las diez.
-nunca se me ha dado bien seguir las normas –y menos seguiría las de esta academia.
-entonces… ¿eres una persona madrugadora, de esas que se levantan de un salto por las mañanas?

Sonreí, madrugador no eran unas de mis cualidades. En la cruz negra por lo general no dormía casi nada y me había acostumbrado perfectamente a la falta de horas de sueño.

-ni por asomo, todavía no me he acostado. De todos modos, mi madre no podía acompañarme. Está fuera, podríamos decir que de viaje de negocios –la verdad es que estaba en Boston y su comando estaba bajo arresto-. Cogí el tren nocturno y decidí llegar a pie, para saber qué terreno pisaba y… rescatar damiselas en apuros.

Aunque comenzaba a sospechar que Bianca se podría defender sola o, por lo menos, podría escapar.

-¿Por qué vienes a Medianoche? A mí me toca pringar por mis padres, pero seguramente tú podrías ir a cualquier otro sitio. A uno mejor. Como… no sé. Cualquiera.

Mmm… bien Bianca, como sabrás yo soy un cazador de vampiros y me mandaron de misión a este infierno, que ninguno de los dos soportamos.

-es una historia muy larga –piensa, Lucas, piensa.
-no tengo prisa por volver. Además, aún quedan cuatro horas hasta la presentación.

Incliné la cabeza, pensando. Tal vez podría inventar algo, algo que no fuese del todo mentira.

-es que también es una especie de secreto –me excusé.
-sé guardar secretos. Es decir, tú vas a mantener en secreto este asunto por mí, ¿no? Me refiero a lo de salir corriendo y morirme de miedo…
-no se lo contaré a nadie –suspiré internamente. Recordé una historia que mi madre me contó antes de venir. Lo del cazador que vino hacía mucho tiempo…-. Hace unos ciento cincuenta años un antepasado mío intentó entrar en el internado. Podría decirse que suspendió –suspender, si solo ella pudiera entenderlo-. Por eso depende de mí “limpiar el honor de la familia”.
-no es justo. No deberías tener que tomar todas tus decisiones en función de lo que él hiciera o dejara de hacer.
-no todas, me dejan elegir los calcetines –me subí la pernera para enseñárselos.
-¿Por qué suspendieron a tu retatara lo que sea?

Sacudí la cabeza, no podía decirle que fue una misión incompleta, que quedó sin honor ni dignidad luego de eso.

-se batió en duelo la primera semana.
-¿un duelo? Venga, ¿alguien insultó su honor? ¿O fue por una chica?
-pues tendría que haber aprovechado muy bien el tiempo para conocer a una chica en los primeros días de escuela –respondí rápidamente.

Idiota, tú ya conoces a una, me espetó mi conciencia. Pero siguiendo con mi historia claramente ese no fue el motivo.

-pudo haber sido por cualquier cosa. Entonces se batían a duelo a la mínima de cambio. Según la leyenda familiar, empezó el otro tipo, aunque la verdad es que da igual. Lo que importa es que sobrevivió –según lo que se dice con varias fracturas y traumas-, pero no sin antes de romper una de las vidrieras del vestíbulo.
-Ah, claro, hay una con cristales trasparentes y no sabía por qué.
-Ahora ya lo sabes. Desde entonces, Medianoche le cerró las puertas a mi familia –y a cualquier otro cazador.
-Hasta ahora.
-Hasta ahora –que por una extraña razón están admitiendo a humanos nuevamente, completé en mi fuero interno-. Y no me importa. Creo que aquí aprenderé muchas cosas –por lo menos a pelear mejor-, pero eso no significa que me tiene que gustar lo que veo.
-pues yo no estoy segura de que me guste nada.

Me volvía mirarla, de veras esperaba que ningún chico se fijara en ella, que ella no se fijara en ningún vampiro.

-me gustan las gárgolas, la montaña y el aire puro. Eso es todo.
-¿te gustan las gárgolas? –parecía horrorizada.
-me gusta que los monstruos sean más pequeños que yo.
-no me lo había planteado nunca de ese modo.

Se quedó mirando la escuela con la mirada perdida.

-le tengo pavor –me confesó.
-todavía no es demasiado tarde para salir corriendo, Bianca –le dije, si ella estaba asustada no debería quedarse en este lugar.
-no quiero salir corriendo, pero tampoco quiero estar rodeada de extraños. Cuando estoy con gente que no conozco soy incapaz de hablar, de actuar con normalidad o de ser yo misma… -sonreí abiertamente a sus palabras, conmigo no se había comportado de ninguna de esas formas- ¿Por qué te ríes?
-pues a mi me parece que no has tenido muchos problemas para hablar conmigo.
-contigo… supongo que… creo que me asustaste tanto que se me pasó el miedo de golpe.
-Eh, pues si funciona.
-Sí. Debo volver antes de que mis padres se den cuenta de que no estoy.

Quise decir cualquier cosa, cualquier cosa para que se quedara charlando un rato conmigo. Pero en cambio solo dije:

-no dejes que te sermoneen.
-no lo harán –me aseguró.

Yo no estaba muy seguro de eso, pero ¿qué podía decirle? ¿Bianca, sabes que tus “padres” son vampiros y pueden drenarte la sangre antes de que te des cuenta?
Me alejé lentamente de ella.

-nos vemos por aquí.

Y me perdí entre las sombras, mirándola desde allí.
La vi entrar en la Academia con una profunda sensación de vacío en el pecho.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Al fiiin!

Bueno, al fin me creo el blog para realizar un proyecto que tenía en mente desde hace bastante tiempo.

Me propuse a mi misma crear la versionde la Saga de Claudia Gray desde la visión de nuestro amado Lucas Ross *o*

Dentro de unos dias empezaré a subir el primer capitulo de Evernight, aunque en mi vision se llamará "Volver a creer" (si quieren algún día les explicaré el titulo)


Ojala les entusiasme esto tanto como a mi...


Se despide,

Anabelle Eulberg~

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